viernes, 22 de febrero de 2008
Cañones o mantequilla (V): la guerra de Irak
Estados Unidos lleva gastados en la guerra de Irak 1,2 billones de dólares. Anualmente se ha dejado unos 200.000 millones de dólares. Pero, ¿qué se podía haber hecho con ese dinero en términos de coste de oportunidad?
- 120.000 millones de dólares : coste de la sanidad pública para todos aquellos que no tienen posibilidad de acceder a la sanidad en EE.UU.
- 35.000 millones de dólares: coste de todos los centros preescolares en EE.UU.
- 10.000 millones de dólares: llevar acabo todas las recomendaciones en materia de seguridad realizadas por la comisión del 11-S
- 6.000 millones de dólares: presupuesto anual de investigación para el cáncer.
- 600 millones de dólares: vacunación de todos los niños del mundo contra el sarampión, tos ferina, tétanos, polio, tuberculosis y difteria.
lunes, 4 de febrero de 2008
Cañones o mantequilla (IV): sistemas económicos y coste de oportunidad
Sistemas económicos y coste de oportunidad
En términos económicos, la elección entre cañones y mantequilla es indiferente. Quien produzca lo primero podrá intercambiarlo por lo segundo en el mercado internacional y viceversa. A la hora de ilustrar las elecciones de los países en materia de producción, Samuelson eligió intencionadamente dos bienes que representaran el dilema de elección entre el gasto militar y el gasto civil porque siempre hay una tercera opción que no es otra que el país guerrero utilice sus cañones para apropiarse de la mantequilla del país gordo. “Los cañones nos harán poderosos, la mantequilla solo nos hará engordar”, es una frase pronunciada por el nazi Herman Goering en 1936 a propósito del esfuerzo que en esa época estaba realizando la Alemania fascista en gasto militar. Alemania, un país derrotado y humillado tras la 1ª Guerra Mundial, concentró los gastos gubernamentales en la producción de armamento militar. La construcción de armas y equipos militares a gran escala que siguió, propició al auge de las fuerzas armadas y la elaboración de proyectos destinados a una guerra de conquista. El sistema fascista de “economía armamentística” llevó a Alemania a lograr el pleno empleo y a niveles de prosperidad desconocidos desde antes de la 1ª Guerra Mundial pero también a una nueva guerra mundial.
Nos sorprende una y otra vez que lo primero que hacen los países pobres, con necesidades acuciantes allá donde se mire, es armarse hasta los dientes. Pero no es una opción ética sino práctica. La elección de los cañones es mucho más flexible que la de la mantequilla. En primer lugar está el orden interno del país. En los países pobres el sistema económico se aproxima mucho más al de una economía autoritaria que al de una economía de mercado. Y las economías autoritarias responden unilateralmente a las preguntas básicas de la economía imponiendo sus decisiones al resto de la población. En la medida que son unos pocos quienes deciden el destino de muchos, la imposición de las decisiones no siempre son populares de tal forma que el respaldo de las armas no está de más. Un segundo grupo de razones son las defensivas. Si el país logra cierto crecimiento económico y empieza a producir cierta cantidad de mantequilla, puede atraer la envidia de sus vecinos y ser invadido. Tanto los países pobres como los ricos producen cañones pero éstos, a diferencia de los primeros, no necesitan apropiarse de la mantequilla del vecino. Comparativamente gastan mucho más que los países pobres aunque sus porcentajes de gasto sobre el presupuesto total sean menores. A nadie se le escapa que lo que gasta Corea del Norte en armamento es mucho menos que lo gasta EE.UU. por mucho que los primeros destinen un 20% de su presupuesto total a armamento y los segundos solo un 5%. Se pudiera pensar que cuando hablamos de países guerreros estamos hablando de países “tildados” de revoltosos como Corea del Norte o Irán o de la gran potencia militar de la actualidad, los EE.UU pero los principales productores de armas del mundo son casi todos los países “tildados” de desarrollados o industrializados.
miércoles, 30 de enero de 2008
Cañones o mantequilla (III): crecimiento y eficiencia
El crecimiento económico
Con unos factores productivos y tecnología dados las sociedades alcanzan unas determinadas posibilidades de producción de bienes y servicios. Pero, lógicamente, si aumenta la cantidad de factores productivos disponibles o mejora la tecnología (los métodos de producción) también pueden aumentar las posibilidades de producción. Cuanto esto sucede se habla de crecimiento de la economía o se dice que el país crece económicamente. Cada cierto tiempo, acercamos a nuestros hijos pequeños a la pared y allí hacemos una pequeña muesca para compararla con otra que hicimos tiempo atrás. Las personas crecemos en centímetros mientras que los países lo hacen en producción.
Eficiencia
jueves, 24 de enero de 2008
Cañones o mantequilla (II): posibilidades de producción y fronteras
Después de un par de breves incursiones en la actualidad económica seguimos con nuestro artículo didáctico sobre los cañones y la mantequilla.
Posibilidades de producción
lunes, 21 de enero de 2008
Cañones o mantequilla (I): preguntas y sistemas
Preguntas básicas de la economía
Un periodista, al redactar una noticia, debe responder a las 5 W: what, who, where, when & why (qué, quién, cuándo, dónde y por qué). Del mismo modo las sociedades humanas deben responder a tres problemas económicos fundamentales. Todas las sociedades humanas – desde el más industrializado del mundo hasta una tribu perdida en el corazón del Amazonas – deben responder qué bienes/servicios y en qué cantidad se producen, cómo se producen y para quién se producen.
¿Qué bienes y servicios producir y en qué cantidad? Al ser los recursos disponibles escasos y susceptibles de muchas utilizaciones, la sociedad tendrá que administrarlos y asignarlos. Por ejemplo, ¿producirá cañones o mantequilla? ¿Unos cuantos automóviles de gama alta o muchos automóviles baratos? ¿Más productos agrícolas o más productos industriales?
¿Cómo producir y distribuir dichos bienes y servicios? Si los recursos son escasos no se deben derrochar, la selección de los recursos y técnicas para producir puede ser fundamental. ¿Se utilizarán máquinas o trabajadores? ¿Cuál será la fuente de energía elegida para generar electricidad? ¿Se optará por un sistema productivo contaminante o por otro más ecológico pero más caro?
¿Para quién producir? No es una pregunta tan fácil de contestar, no siempre recogen los frutos quienes los siembran. ¿Tendrá todo el mundo acceso a los bienes? ¿O únicamente quien pueda pagarlos? ¿Se facilitará un consumo mínimo a los más necesitados?
Los sistemas económicos
Al contestar a estas preguntas de una manera u otra, las sociedades satisfacen sus necesidades al tiempo que establecen fórmulas de reparto de los distintos recursos entre la población. Si se relacionaran los sistemas económicos con el ajedrez, éstos serían los planteamientos estratégicos adoptados por un jugador para ganar la partida (por ejemplo salir de peón de rey o peón dama) pero llevado al terreno económico. En las sociedades democráticas la mayor parte de las tres preguntas básicas se resuelven a través el mercado, denominación que recibe el lugar donde las personas intercambiamos bienes y servicios, normalmente a cambio del dinero. Las empresas producen aquello que genera mayores beneficios dentro de lo que se demanda (el qué) mediante los métodos de producción menos costosos (el cómo) para quien quiera y pueda pagarlo (el para quien). En la medida que es el mercado quien asigna recursos este sistema económico recibe el nombre de economía de mercado. A este tipo de economía también se le denomina capitalista porque confiere más poder a quien más medios de producción acumula.
En el polo opuesto de la economía de mercado se encuentran las economías autoritarias. En este caso, las tres preguntas básicas de la economía no son resueltas por el mercado sino de forma unilateral por un gobierno o autoridad central, como puede ser el jefe de una tribu, un dictador o una economía socialista, como la que existió en la extinta Unión Soviética y que sobrevive con matices en Cuba o China. Concretamente para este último caso las empresas (propiedad del estado) producen lo que necesita con independencia de los beneficios (el qué) empleando los métodos de producción necesarios (el cómo) para el bienestar de todos los ciudadanos. El mercado no existe y todo es resuelto conforme a lo que establezca una autoridad de planificación central de acuerdo con el ideal socialista de un reparto igualitario de la riqueza.
La llamada economía de mercado nunca ha existido en estado puro exceptuando una determinada etapa en la Inglaterra del siglo XIX, conocida con el nombre de “capitalismo salvaje”. Las revueltas y los problemas sociales fueron tan graves que el gobierno tuvo que reintervenir muchas áreas de las que habían quedado a merced del mercado. En cuanto a los distintos países que han probado suerte con la economía socialista es indudable que han acabado por funcionar como dictaduras encubiertas muy lejos del ideal humanitario de igualdad pretendido en principio.
Como la experiencia ha determinado que tanto la ausencia de autoridad como la de mercado pueden producir resultados nefastos, en la práctica se ha optado por un sistema intermedio a caballo de ambos sistemas denominado mixto. Las economías mixtas combinan mercado y autoridad en la medida que lo estima oportuno. En general, el mercado es el principal asignador de recursos pero la autoridad interviene y gestiona ciertas cuestiones por razones de interés público. El grado de participación o intervención de la autoridad es lo que determina que una economía sea más o menos capitalista. A más intervención, menos poder de los agentes privados y viceversa.