Una vez precisadas estas diferencias entre ambos países es el momento de desentrañar por qué nos afecta a todos los países el que EEUU se acatarre. Básicamente, los problemas que puede generar el impago de los créditos subprime depende de dos factores: por un lado el volumen de créditos subprime en relación con el total concedido y por otro, las cesiones de créditos por parte de los bancos a otras entidades.
Efectivamente, la excesiva dependencia de este tipo de hipotecas, que pasó en EEUU del 7% al 12% entre 2002 y 2007, reduce drásticamente los beneficios en tiempos de inestabilidad. Cuando son los bancos los que soportan la mayor parte de la carga de los créditos subprime, el riesgo afecta al sistema financiero; cuando, en virtud de las cesiones de créditos (debido a las renegociaciones de los créditos por parte de los clientes), el riesgo afecta a otros sectores económicos con vinculaciones en el financiero. Si además, estas cesiones han sido realizadas a empresas de otros países el problema se internacionaliza y se hace globlal.
En este sentido, el Financial Times, en su edición del 1 de febrero, ha señalado que la banca española parece estar sorteando los problemas financieros derivados de la crisis de las hipotecas basura mucho mejor que las entidades de otros países. A su entender, no hay ningún banco español que haya perdido "mucho o de forma espectacular" en algún producto relacionado con las hipotecas basura (en España el porcentaje de hipotecas subprime se cifra en un 3% sobre el total conforme al criterio indicado arriba), como tampoco hay ninguno que haya revelado que alguno de los grandes fondos de inversión que gestionan los bancos españoles se haya visto especialmente comprometido.
También señala el Financial Times, que a los bancos españoles siempre les ha parecido poco atractiva la hipoteca de alto riesgo. Sorprendentemente, la culpa de esta timidez puede haberla tenido el Banco de España que no la prudencia de nuestros banqueros. Y es que el BE obliga a las entidades financieras a provisionar el 8% del capital contra este tipo de activos, porcentaje que está muy por encima de lo establecido por otros bancos centrales europeos. Esta medida, que hizo refunfuñar en su día a los bancos españoles (envidiosos del crecimiento de este tipo de activos en otros países europeos) parece haberse convertido en el salvavidas de la crisis.